El cambio de la cuna a la cama sin llantos ni pataletas.

Cualquier cambio en la rutina del pequeño, hará que éste sienta cierta inseguridad. El momento del cambio de la cuna a la cama es un acontecimiento importante en el desarrollo de su independencia, autonomía y aprendizaje individual, aunque no está exento de sufrir temores que nosotros como padres también podemos compartir.

Debemos tener claro que muchos de esos miedos no son propios de los niños, sino de los padres que se trasladan a los niños cuando les damos más importancia de la que en realidad tienen.

No desesperemos. Esta no es más que una nueva etapa en la que deberemos acompañar a nuestros peques para hacérselo lo más llevadero posible y más si nuestro hijo o hija sufre alguna pérdida auditiva, cuestión que puede dificultar la sensación de seguridad tanto por su parte como por la nuestra.

 

¿Cuándo se debe realizar el cambio de la cuna a la cama?

 

En primer lugar, debemos saber que no hay un momento o edad perfecta para realizar el cambio. No obstante, no es aconsejable que el niño tenga más de dos años, ya que si no dormir con sus padres se habrá convertido en todo un hábito más difícil de eliminar el día de mañana y con repercusiones en su independencia. Es bueno que cada padre se guíe por su propio instinto, pero, recordemos que debemos evitar caer en miedos absurdos: los niños son más independientes de lo que en realidad creemos y más fuertes.

Normalmente los padres aprovechamos el momento en que el niño ya no cabe en la cuna para pasarlo a la cama, cuestión inevitable. Esta es una excelente excusa para que empiece a dormir solo. Un truco para ayudar en su adaptación es colocar unas barreras protectoras para que nuestro pequeño no se caiga de la nueva cama. Esto permitirá a los padres sentirse más seguros, además de servir para que el niño se sujete cuando tenga que subir o bajar para ir al baño por las noches.

Sin embargo, no es aconsejable que la transición coincida con la llegada de un nuevo miembro a la familia, ya que el niño puede sentir que el cambio a la cama se produce porque va a ser remplazado. Esto podrá acarrear numerosos episodios de rabietas, el surgimiento de celos o simplemente tristeza y aislamiento. En estos casos, lo recomendable es acostumbrar al niño a dormir solo unos meses antes de que nazca el nuevo bebé, de esta manera el niño no lo relacionará con él y todo fluirá de la mejor manera posible.

 

Adaptándose a su nueva cama.

 

Cada niño es único y especial a su manera. Hay niños que ven como un gran premio tener su propia cama y otros que, sin embargo, lo perciben como un castigo; es importante tratar que el niño nunca piense que esto es así, pues entonces la transición sería conflictiva tanto para ellos como para nosotros como padres.

Algunas de las medidas que los padres pueden adoptar para que el cambio de la cuna a la cama sea lo menos traumático y conflictivo posible son las siguientes:

  • Apelar a su edad: El típico “¡Qué mayor estás ya!”. Los niños siempre quieren crecer rápido, vivir experiencias como los ‘mayores’ y que les consideremos así porque perciben autoridad en ello. Lo mejor que podemos hacer para que empiece a dormir solo es decirle que ya es mayor para dormir en la cuna. Si les hacemos creer que son ellos los que quieren dormir solos, estarán encantados con la nueva experiencia. Utilizarlo como un método de refuerzo positivo, un premio. Por ejemplo, si el niño ha recogido sus juguetes solo, ha hecho los deberes o se ha portado especialmente bien, podríamos decirle algo como: “como hoy te has portado tan bien puedes dormir en tu cama toda la noche”; de esta forma el niño lo verá como un logro propio, un premio.
  • Relacionar el momento de acostarlo en la cama con algo divertido: una opción interesante es relacionar la nueva cama con una actividad que a nuestro hijo le guste hacer. Como, por ejemplo, leerle un cuento justo antes de irse a dormir, cantarle una canción que le guste, jugar cinco minutos con él y con los muñecos con los que dormirá o sencillamente contarle alguna anécdota graciosa. De esta forma nuestro pequeño irá viendo la cama como “algo familiar y divertido” incluso como un momento de pasar tiempo con sus padres.
  • Personalizar su cama: un buen ejercicio para que el niño pase de la cuna a la cama y se empiece a relacionar con su nueva habitación es llevarlo a comprar las sábanas, cojines, edredón, cortinas, muñecos etc. Hacerle ver que será su espacio personal, en el que construir historias también para antes de dormir. También es importante que esté presente cuando se coloquen dichas cosas en su habitación, así se sentirá el artífice de esa “obra”. Así, el niño comenzará a relacionar su habitación con un sitio agradable y estará deseando pasar tiempo en ella, sintiéndose cada vez más seguro e independiente.

 

Los niños a edades tan tempranas son muy susceptibles y fáciles de convencer. Es importante hacerles ver lo orgullosos que estamos de ellos, de forma que estén cada vez más convencidos de que todo lo que se le dice es por su bien y que, además de ello, disfrutan siendo parte de nuestras ocurrencias o de las “nuevas aventuras” que les proponemos.

 

 

Más enlaces de interés:

“La importancia del sueño en niños” – GAES Junior

 

 

Fuentes:

eresmama.com

 


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GAES Junior

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