Cómo enseñar a Hablar a un Bebé Sordo: Historia

El mundo está repleto de historias de superación que, inicialmente, sufrieron un punto de inflexión lleno de dudas y temores.

“Mi hijo tiene pérdida auditiva, ¿qué hacer?” – ante esta pregunta, surgen muchas interrogantes que aparecen desde el instante de la detección de la sordera en el niño, hasta que inicia el tratamiento y más allá.

“¿Son necesarias las prótesis auditivas? ¿o basta con que aprenda la lengua de signos?” – no existe un consenso único con respecto a ello, pues cada opción puede darse de manera simultánea y poseen sus pros y contras, destacando una serie de beneficios de uno sobre otro que aporta al niño la posibilidad de una comunicación eficaz, con su mayor o menor repercusión en su desarrollo.

Lo que sí está claro es que, perder parcial o totalmente un sentido, implica un cambio drástico en la manera en la que el niño se desarrolla física y mentalmente, y debemos considerar siempre aquello que es mejor tanto para su comunicación, como para su desarrollo fisiológico, siendo las prótesis auditivas, como los audífonos o implantes cocleares, según el tipo de sordera, la mejor forma de aportar cierta estabilidad en su percepción del mundo que le rodea y desarrollar sus conexiones cerebrales para facilitarle un óptimo desarrollo.

La siguiente historia, con análisis y opiniones de expertos, refleja la realidad de muchos padres ante la detección de la sordera de su hijo o hija:

Marta Ayed tiene una hija de cuatro años con una pérdida auditiva estimada entre el 20% y el 35%, según el oído. Es uno de los 2.500 bebés que nacen cada año en España con alguna deficiencia en la audición. La detección se produjo al poco de dar a luz, en el cribado que por protocolo se realiza en los hospitales. Se sucedieron las pruebas y a los seis meses los médicos le pusieron nombre: «Hipoacusia bilateral leve a moderada».

Para su sorpresa, la pregunta que se hicieron sus padres a propósito de los tratamientos aplicables a la niña no obtuvo una única respuesta. Acudiendo a los extremos, existen dos aproximaciones diferentes a la discapacidad de los niños sordos:

  • Una apuesta por las prótesis (implante coclear, audífono) acompañadas por terapias auditivo-verbales.
  • La otra opción busca garantizar la adquisición del lenguaje por encima de todo mediante la exposición simultánea a las lenguas de signos y oral.

La primera esquiva, si es posible, la lengua de signos y los apoyos visuales en los primeros años de vida. La segunda, los prioriza. Y entre medias, toda una escala de grises. «Nadie elige por ti y a los padres no nos queda más que leer y entender para decidir lo mejor. Son momentos de mucha angustia», recuerda Ayed. Finalmente, su hija estrenó audífonos al año de vida y comenzó una estimulación auditivo-verbal sin lengua de signos que actualmente mantiene.

Para minimizar aquellos desvelos, Fiapas (Confederación Española de Familias de Personas Sordas) y la CNSE (Confederación Estatal de Personas Sordas) asesoran a los padres que acuden a ellos buscando algo de luz. Aunque ambas parten de la Ley 27/2007, por la que se reconocen las lenguas de signos españolas y el derecho de recibir educación bilingüe y, por tanto, exigen que las administraciones doten de recursos para que las familias puedan elegir, no comparten posiciones.

José Luis Aedo, presidente de Fiapas, mantiene: «No somos contrarios a lengua de signos, pero un niño sordo puede aprenderla en cualquier momento de su vida. En cambio, no podrá aprender a hablar, y con ello a leer y a escribir, si no lo hace en los primeros años de vida. Por eso, la clave es la precocidad en el diagnóstico para adaptar las prótesis e iniciar cuanto antes la estimulación auditivo-verbal».

 

“Los niños sin exposición temprana al lenguaje de signos lograron un mejor reconocimiento y uso del habla durante los tres primeros años posteriores al implante.”

Un estudio de la Academia Americana de Pediatría a cargo de Ann Geers

 

Con respecto a la enseñanza simultánea de lenguas de signos y oral, señalan un estudio publicado en 2017 por la Academia Americana de Pediatría a cargo de Ann Geers (Exposición temprana al lenguaje de signos y beneficios de la implantación coclear), según el cual «los niños sin exposición temprana al lenguaje de signos lograron un mejor reconocimiento y uso del habla durante los tres primeros años posteriores al implante». Así, al final de Primaria, «más del 70% lograron resultados apropiados a su edad en los test de lenguaje hablado, mientras que sólo alcanzaron estos niveles el 39% de los expuestos a lengua de signos durante tres o más años».

Sin embargo, existen opiniones contrarias que, si bien no excluyen el beneficio de las prótesis auditivas, sí matizan en gran medida la rotundidad de algunas afirmaciones. Es el caso del Laboratorio de lengua de signos catalana de la Universidad Pompeu Fabra (LSC Lab), que apuesta decididamente por el bilingüismo, basándose en trabajos como Garantizar la adquisición del lenguaje para los niños sordos: ¿Qué pueden hacer los lingüistas?, por Tom Humphries y colaboradores, publicado en Language, de la Sociedad Lingüística de América, en 2014.

Según esta investigación y otras afines, no existe total garantía de que un niño sordo con audífonos o implante coclear adquiera una competencia completa en la lengua oral.Las consecuencias de no adquirir un lenguaje en edad temprana (antes de los cinco años) son decisivas en el desarrollo del niño sordo, no sólo a nivel lingüístico, sino cognitivo, en áreas como la memoria verbal y la aritmética. Si la adquisición de la lengua oral falla y el niño sordo no ha sido expuesto a la lengua de signos, «es poco probable que alguna vez utilice una lengua con la fluidez de los nativos en todos los aspectos de la gramática. Por eso, en el LSC Lab afirman que «la lengua de signos es la única completamente accesible para el niño sordo desde su primer día de vida, y por lo tanto, la única que garantiza el completo desarrollo del lenguaje durante los primeros años».Jordina Sanchez, investigadora y miembro del LSC Lab, sostiene que el bilingüismo simultáneo es la única opción con garantías para los niños sordos con implantes: «Exponer al niño a ambas lenguas desde pequeño es un salvavidas, porque la lengua de signos asegura su desarrollo lingüístico y cognitivo. Si tienes plena competencia en una primera lengua, puedes adquirir una segunda». Lejos de exclusiones, concluye que «el bilingüismo siempre ha sido la opción deseada por la gran mayoría de la comunidad sorda».

 

Fuentes y enlaces de interés:

elmundo.es

 


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