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La pedagogía del juego ayuda al desarrollo del niño con discapacidad auditiva

El juego es una herramienta muy útil para el desarrollo de todos los niños y niñas. A los que presentan alguna dificultad, en este caso un problema auditivo, el juego les crea un espacio propicio para el desarrollo de sus habilidades sociales, afectivas e intelectuales.

Y es que el juego hace que los niños de forma espontánea y mediante la imaginación se creen un medio en el que se van a expresar y les va a estimular. Nos permite también comprender al niño ya que él refleja en el juego su manera de ver el mundo, cómo entiende y son las cosas y cuál es su cotidianidad. De hecho, el juego refleja las enseñanzas que el niño ha adquirido sin darse cuenta. También le permite descubrir la inteligencia, la experiencia, el ambiente, su propio cuerpo y su personalidad.

Según la edad, existen diferencias en el uso y las inquietudes que le generan el juego.

Hasta los 5 años el niño cambia de juego con facilidad ya que necesita experimentar y conocer elementos y sensaciones nuevas. Una de sus actividades preferidas es expresarse y lo hará de diferentes maneras: mediante el arte, la música, el lenguaje, el movimiento, y el juego dramático. En esta etapa el niño también empieza a desarrollar su personalidad y empieza a preguntarse por el significado de algunas palabras. Los niños con discapacidad auditiva también descubren diferentes maneras de expresión ya que el habla, la más común, no la desarrollan con tanta facilidad que los demás niños. Esto no significa que no puedan desarrollarla. De hecho el juego les ayuda a buscar alternativas para relacionarse y comunicarse, a la vez que les hace ingeniosos y resolutivos. Los niños con discapacidad auditiva también se preguntan por el significado de nuevas palabras porque ellos también necesitan conocer el nombre de las cosas a las que se quieren referir y, sobretodo, diferenciarlas.

A partir de los 5 y hasta los 6 años el niño necesita relacionarse y compartir por eso busca nuevos amigos con los que compartir sus momentos de juego. El niño empieza a tener una actitud más realista, cosa que se refleja en sus juegos con la introducción de roles en los personajes, por ejemplo. Además añade palabras más complejas en su vocabulario y se expresa mayoritariamente con el habla. En el caso de los niños con discapacidad auditiva el hecho de relacionarse les obliga a buscar estrategias para comunicarse. Actuarán por imitación, se expresarán y se harán entender. El juego, un espacio lúdico, distendido y de relación, permite por un lado, que se desarrollen en su entorno natural, y, por otro lado, que se relacionen con los compañeros de juego y conozcan otra realidad. Aprenden, ya de pequeños, a integrar la diferencia. La interacción e inclusión de la diferencia sensibiliza y promueve valores como la cooperación, la empatía y la tolerancia.

De los 6 a los 7 años se acentúa la importancia de los juegos grupales y empiezan a detectar en el grupo de juego con quienes comparten gustos e intereses y con quienes no. Esto definirá la relación que mantendrán entre ellos: más o menos estrecha y/o intensa. La convivencia entre niños con discapacidad auditiva y niños sin problemas de audición promueve una educación más inclusiva y enriquecedora para las dos partes beneficiarias de ésta.

Sin embargo, en el momento de jugar se pueden presentar ciertas dificultades. Por ejemplo, la comprensión del mensaje. El educador o familiar debe utilizar recursos visuales y gestuales para asegurar la buena comprensión de la dinámica del juego por parte del niño con déficit auditivo. También pueden reforzar los gestos con la facilitación de la lectura labial o asociando movimientos a palabras concretas. El educador se debe asegurar siempre de que el alumno con discapacidad auditiva puede verle toda la cara y su expresión.

En resumen, el juego es una herramienta lúdico-pedagógica que propicia el desarrollo de los niños y niñas con problemas auditivos, les estimula y les genera necesidades que ellos mismos querrán solucionar y les hace buscar soluciones. Por lo tanto, les motiva a relacionarse, a buscar maneras para expresarse y a aprender de los otros por imitación.

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