Pérdida Auditiva por Ruido

Pérdida Auditiva por Ruido.

A diario, estamos expuestos a sonidos en nuestro ambiente, como los que vienen del televisor y la radio, los aparatos electrodomésticos y el tráfico. Normalmente percibimos estos sonidos a niveles que no afectan nuestra audición ni la de nuestros niños. Sin embargo, los ruidos muy altos pueden ser dañinos, aunque duren poco o mucho tiempo. Estos ruidos pueden dañar las estructuras delicadas del oído interno, causando pérdida auditiva inducida por el ruido.

La pérdida de audición por ruido puede ser inmediata o puede tomar mucho tiempo hasta que se note. Además, puede ser temporal o permanente y puede afectar uno o ambos oídos. Aun cuando no podamos notar que está dañando nuestra audición y la de nuestros hijos, podrían existir problemas futuros. De ello se podrían derivar momentos como que tal vez nuestro peque no pueda entender a otras personas cuando hablan, sobre todo por teléfono o en un lugar ruidoso. Sin embargo, la pérdida auditiva inducida por el ruido se puede prevenir.

 

¿A quiénes afecta la pérdida auditiva por el ruido?

 

Fuente: NIH Medical Arts

 

La exposición a niveles dañinos de ruido puede ocurrir a cualquier edad. Las personas de todas las edades, incluyendo niños, adolescentes, adultos jóvenes y personas mayores, pueden desarrollar pérdida de audición inducida por el ruido. Según un estudio de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (EEUU), al menos 10 millones (Más del 6%) y hasta un 40% de los adultos en los Estados Unidos menores de 70 años presentan características en su prueba de audición que sugieren una pérdida auditiva por exposición a ruidos fuertes en uno o ambos oídos. Los investigadores también calculan que hasta el 17% de los adolescentes (de 12 a 19 años de edad) presentan síntomas que sugieren una pérdida de audición inducida por el ruido en uno o ambos oídos.

 

Los niños en riesgo mayor de sufrir pérdida auditiva por ruido.

El 60% de los casos de pérdida de audición en niños, a nivel mundial, se deben a causas prevenibles.

1100 millones de jóvenes (entre 12 y 35 años de edad) en el mundo están en riesgo de padecer pérdida auditiva por su exposición al ruido en contextos recreativos.

 

Según el estudio “Ruido y Salud”, elaborado por el “Observatorio Salud y Medio Ambiente de DKV Seguros y GAES”, con la colaboración de la Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES), los niños son más vulnerables que los adultos frente a los efectos del ruido, y pueden padecer consecuencias más graves por su exposición al ruido, y es que el ruido puede afectarnos incluso antes de nacer.

Desarrollarse en un entorno ruidoso puede alterar la salud del feto y del recién nacido. Puede provocar pérdida auditiva o retraso en el crecimiento, si la madre ha estado expuesta a ruido crónico durante el embarazo.

Los niños que viven en hogares ruidosos pueden presentar un desarrollo cognitivo y del lenguaje más tardío o menor, y además presentan peor comprensión para la lectura, pueden sufrir déficits de atención y memoria y pueden aparecer efectos negativos en su autoestima o generar ansiedad.

La contaminación acústica es un problema que podemos mejorar cambiando algunos hábitos, tan sencillo como no elevar en exceso el volumen cuando usemos reproductores de música, cuando veamos la televisión o escuchemos la radio; respetar las horas de descanso y evitar los ambientes ruidosos.

 

Causas de la pérdida auditiva inducida por el ruido.

 

La pérdida auditiva por el ruido puede ocurrir de una sola vez por un sonido intenso, como, por ejemplo, el de una explosión o fuegos artificiales. También puede ocurrir poco a poco por la exposición continua a sonidos fuertes, como los ruidos generados en una carpintería, en discotecas, en fiestas y similares.

Algunas actividades recreativas como escuchar música con auriculares a un volumen alto, tocar un instrumento e ir a conciertos con la música fuerte, pueden afectar notablemente la audición de vuestro hijo. En el hogar, los ruidos dañinos pueden venir de fuentes como la televisión, la música y actividades como reformas y similares.

Permitir que nuestros niños se expongan por mucho tiempo o repetidamente a sonidos de 85 dBA o más puede causarles pérdida auditiva. Mientras más alto sea el sonido, más rápido se desarrolla la pérdida de audición inducida por el ruido.

Estos son los niveles promedio de algunos sonidos comunes, medidos en decibelios:

  • Una conversación normal: 60-70 dB
  • El cine: 74-104 dB
  • Las motocicletas o motocicletas todoterreno: 80-110 dB
  • La música a través de auriculares al volumen máximo, eventos deportivos y conciertos: 94-110 dB
  • Las sirenas: 110-129 dB
  • Los fuegos artificiales: 140-160 dB

Dos factores importantes para proteger la audición de nuestros niños son mantener una distancia entre el punto de origen del sonido y el pequeño, y limitar por cuánto tiempo se expone al sonido. Una regla práctica es evitar sonidos que sean “demasiado altos” y que estén “demasiado cercanos”, o que duren “demasiado tiempo”.

 

¿Cómo el ruido puede dañar la audición?

 

Para comprender cómo los sonidos fuertes nos pueden dañar la audición y la de nuestros niños, es necesario comprender cómo oímos. La audición depende de una serie de pasos complejos para convertir las ondas sonoras que viajan por el aire en señales eléctricas. Estas señales llegan al cerebro a través del nervio auditivo después de un complejo proceso.

 

Estereocilios sobre las células ciliadas sensoriales en el oído interno. – Fuente: Yoshiyuki Kawashima –

 

Las ondas sonoras entran al oído externo a través de un pasaje estrecho llamado “conducto auditivo” que llega hasta el tímpano. El movimiento de esas ondas sonoras que entran hace que el tímpano vibre y a la vez transmita estas vibraciones a tres huesecillos diminutos del oído medio. Estos huesecillos se llaman martillo, yunque y estribo.

Estos huesecillos del oído medio amplifican las vibraciones de sonido que llegan por aire y se convierten en vibraciones líquidas dentro de la cóclea en el oído interno. La cóclea tiene forma de caracol y está llena de líquido. Tiene una membrana elástica a lo largo de su estructura que la divide en dos secciones: superior e inferior. Esta membrana es conocida como “membrana basilar” porque sirve de base para estructuras claves del sistema auditivo.

Una vez que las vibraciones llegan hasta el líquido dentro de la cóclea, se forman ondas que viajan a lo largo de la membrana basilar. Las células ciliadas, que son células sensoriales sujetas a la superficie de la membrana, “bailan” con el movimiento de la ola. Al moverse las células ciliadas hacia arriba y hacia abajo, unas proyecciones microscópicas parecidas a cerdas (conocidas como estereocilios), que se encuentran encima de las células ciliadas, se topan con una membrana sobresaliente y se inclinan. Esta inclinación hace que se abran unos canales que parecen poros, que están en las puntas de los estereocilios. Esto permite que ciertas sustancias químicas entren, generando así una señal eléctrica.

El nervio auditivo lleva la señal eléctrica al cerebro donde es traducida a sonidos que podemos reconocer y entender. Es por eso que se dice que “se oye con el cerebro”, porque éste interpreta lo que se percibe a través de este proceso. (Los nuevos audífonos Play, disponibles en GAES Junior, aplicar la tecnología BrainHearing, que facilita que nuestro pequeño capture las señales correctas y las interprete de manera óptima)

En esta animación, se puede observar de una manera más colorida y didáctica, cómo funciona el oído de nuestros niños. (y el nuestro)

La mayoría de los casos de pérdida auditiva inducida por el ruido son causados por el daño y finalmente la muerte de estas células ciliadas. A diferencia de las células ciliadas de los pájaros y los anfibios, las células ciliadas humanas no vuelven a crecer. Es decir, el daño es permanente.

 

Efectos y señales de la pérdida auditiva inducida por el ruido.

 

Cuando se está expuesto a ruidos fuertes durante un período largo de tiempo, es posible que poco a poco se comience a perder la audición. Como el daño causado por la exposición al ruido suele ser gradual, tal vez no se note o tal vez se ignoren las señales de la pérdida de audición hasta que sean más notables, en especial, cuando el niño no es del todo consciente de lo que le sucede.

Estas son algunas de las señales que pueden indicarnos pérdida auditiva:

  • Notar que, con el tiempo, los sonidos pueden distorsionarse o escucharse débiles.
  • Es posible que resulte difícil entender a otras personas cuando hablan o que se tenga que subir el volumen del televisor o de la música.
  • En los niños, incluso puede ocasionar la disminución del aprendizaje del habla y del lenguaje.
  • La pérdida auditiva derivada de un sonido brusco y fuerte suele ser inmediata y se percibe con más facilidad pues no se pierde notablemente la percepción de los sonidos.
  • En los niños más pequeños, pueden no girarse cuando les hables.
  • La exposición al ruido fuerte también puede causar tinnitus, que es un timbre, silbido, zumbido o rugido en los oídos o la cabeza. El tinnitus puede desaparecer con el tiempo, pero a veces puede perdurar a lo largo de la vida. Esto puede ocurrir en uno o ambos oídos al mismo tiempo.

A veces la exposición a ruidos fuertes impulsivos o continuos provoca una pérdida de audición temporal que desaparece entre unas 16 a 48 horas más tarde. Las investigaciones recientes sugieren, sin embargo, que a pesar de que la pérdida auditiva aparenta desaparecer, a largo plazo puede haber daño residual de la audición y, por ende, problemas futuros derivado de ella. Se entiende como un desgaste que es irrecuperable.

 

Prevenir la pérdida auditiva inducida por el ruido.

 

La pérdida de audición inducida por el ruido es el único tipo de pérdida de audición que es totalmente prevenible. Comprendiendo cuáles son los riesgos del ruido y cómo practicar una buena salud auditiva, se podrá proteger la audición de nuestros niños con facilidad.

Estas sugerencias os ayudarán a aplicar medidas preventivas de este tipo de pérdida auditiva:

  • Usar tapones para los oídos u otros artículos de protección cuando el niño realice alguna actividad en la que se exponga a ruidos fuertes.
  • Si no se puede reducir el ruido, protejamos a nuestros hijos o alejémosle de él.
  • Estar alerta a ruidos peligrosos en el entorno: hogar, exterior, colegio…
  • Concienciar y sensibilizar a nuestra familia, amigos y colegas sobre los peligros del ruido.
  • Acudir al pediatra en caso de sospecha de posible pérdida auditiva de nuestro hijo.
  • Realizar una prueba auditiva a nuestros hijos si sospechamos de una posible pérdida auditiva.

 

Podéis Solicitar una Cita en nuestros Centros GAES IAI para revisar la audición de vuestro niño y realizar cualquier tipo de consulta respecto a su salud auditiva sin compromiso.

 

 

Más enlaces de interés:

“Preparando los Oídos de nuestros hijos en La Vuelta el Cole” – GAES Junior

“Sistemas de Comunicación para el Colegio” – GAES Junior

 

Fuentes:

nidcd.nih.gov

who.int

gaes.es

 


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