Un Paseo al Sol por la Naturaleza Salmantina

Fue el pasado 25 de octubre. El día empezó bien pronto. El entorno era incomparable: una finca de 10.000 hectáreas rodeada de encinas, castaños, robles…un lugar ideal donde además, viven un montón de animales.
Cuando conseguimos estar todos, tras la aventura de algunas familias para encontrar el lugar, las granjeras de la finca, Elena y Macarena acompañadas del Tío Ben, se llevaron a los niños a hacer sus actividades. Los dividieron por edades: los más pequeños y los más grandes.
Los más peques empezaron con Elena haciendo un taller con una pasta, a modo de elefante, que luego sería un bonito collar.
Los más mayores se fueron con Macarena y el Tío Ben a las cuadras. Allí conocieron a Rayo, a Raja o a Mamoides, algunos de los caballos de la granja y descubrieron la habitación del Tío Ben, el lugar donde tiene todas las herramientas necesarias para el cuidado de los caballos. ¡Había un montón de cosas!
Más tarde fueron a montar en burro. Todos fueron muy atrevidos.
Tras un descanso en que todos, papás y mamás repusieron fuerzas con unos pinchos, unas galletas, zumo y café, nos fuimos todos al otro lado de la finca. Montamos en el tractor del Tío Ben y nos adentramos en plena naturaleza, esquivando las ramas que chocaban con nuestras cabezas a nuestro paso cuando íbamos subidos en el remolque.
Tío Ben nos llevó a la dehesa donde viven los toros, que nada más vernos, vinieron corriendo hacia nosotros. Allí les dio de comer y nos explicó con mucho cariño y detenimiento un montón de detalles acerca de la vida de estos animales, toros y vacas, y cómo los ganaderos se hacen cargo de ellos. La lección fue muy interesante.
A nuestra vuelta entramos en la granja de las gallinas, donde tocamos un huevo recién puesto, bien calentito. También estuvimos con las ovejas y con sus primas las cabras. Fuimos al estanque de los patos, que estaban dándose un buen baño y donde conocimos al pavo real de la finca, quien no nos hizo muchas fiestas, la verdad.
Más tarde los más mayores también demostraron sus dotes manuales con el barro e hicieron un recipiente bien bonito que se llevaron de recuerdo.
Los peques también conocieron a los caballos, estuvieron en la habitación del Tío Ben y se atrevieron a montar en burro. Estos chicos y chicas son todos unos valientes. Hasta César, nuestro audioprotesista, se atrevió a subirse en el burro, al menos para hacerse una foto de recuerdo.
Y para finalizar la jornada fuimos todos a recoger las obras de nuestros artistas y como despedida, una foto del grupo bajo la gran encina: Cámara, ¡cheese! ¡y disparo!
En resumen, un día de otoño maravilloso junto a nuestros peques, y no tan peques, en un entorno incomparable, lugar donde han surgido nuevos amigos y que seguro que no van a olvidar en muchos días.

Gracias por compartir vuestro tiempo con nosotros. ¡Esperamos veros pronto!

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