La mayoría de los problemas de equilibrio suelen ser temporales y fáciles de tratar. Sin embargo, estos problemas también podrían ser un signo de una enfermedad más grave que podría tener un impacto duradero en el niño. Es por ello que hay que estar alerta ante cualquier posible trastorno que pueda indicar alguna afección más seria.

Los expertos sospechaban desde hacía tiempo que los mareos y los problemas de equilibrio con frecuencia se pasaban por alto en los niños y no se tratan, pero no entendían por completo el alcance de este problema. Una encuesta norteamericana ha ayudado a obtener información sobre esos trastornos en los niños. Este estudio incluyó datos sobre casi 11.000 niños de entre 3 y 17 años.

Los investigadores descubrieron que más de 1 de cada 20 niños estadounidenses sufría de mareos o un problema de equilibrio, y que sólo un tercio de ellos recibió tratamiento el año anterior a la encuesta.

“Los hallazgos sugieren que los mareos y los problemas de equilibrio son bastante comunes en los niños», dice el Dr. James F. Battery Jr., pediatra y director del Instituto Nacional de la Sordera y otros Trastornos de la Comunicación (NIDCD por sus siglas en inglés) de los NIH.

Nuestro sentido del equilibrio es un proceso complejo. Se maneja mediante señales entre el cerebro, los oídos, los ojos y sensores en las articulaciones y otras partes del cuerpo. Este intrincado sistema ayuda al cuerpo a monitorear y mantener su posición mientras usted se mueve durante el día, sin tener siquiera que pensar en ello. Pero si cualquiera de estas muchas señales sensoriales falla, su sentido del equilibrio puede debilitarse.

¿Cuáles son los síntomas de un trastorno del equilibrio?

Los síntomas podrían incluir, tanto en adultos como en niños:

  • Mareo o vértigo (sensación de que todo le da vueltas).
  • Caerse sin razón aparente o sentir como si se fuera a caer.
  • Tambalearse cuando intenta caminar o caminar con inseguridad.
  • Sentir como si fuera a desvanecerse o desmayarse, o tener una sensación de estar flotando, ingrávido.
  • Visión borrosa y confusión o desorientación.
  • Puede tener otros síntomas como náuseas y vómitos, diarrea, cambios en la frecuencia cardíaca y la presión arterial, así como miedo, ansiedad o pánico.

Los síntomas pueden aparecer y desaparecer durante periodos de tiempo cortos o durar mucho tiempo. Puede llevar a la fatiga y a la depresión, o a la apatía. Es importante vigilar a nuestros niños para percibir si posee alguno de estos síntomas.

Las causas comunes de los problemas de equilibrio en los niños van desde:

Más leves, como:

  • Infecciones de oído.
  • Dolores de cabeza fuertes.
  • Determinados medicamentos.

Más graves, como:

  • Trastornos neurológicos graves.
  • Lesiones en la cabeza o el cuello.
  • Enfermedades genéticas.

En referencia al estudio realizado en EEUU, los investigadores descubrieron que, en muchos casos, no se podía encontrar una causa subyacente.

Los trastornos del equilibrio pueden ser difíciles de reconocer y entender, y especialmente difíciles de diagnosticar en los niños más pequeños, dado que estos se encuentran en pleno desarrollo, donde las capacidades motrices y de lenguaje no están aún del todo desarrolladas. Los niños pueden no conocer las palabras correctas para describir sus síntomas, y a veces podrían hablar de una «sensación de estar girando». También pueden decir que les duele la barriga o la cabeza, o que sienten algo raro allí. Puede ser que caminen de manera inestable o que parezcan más torpes que dentro de unos rangos de normalidad.

«Los padres que observen mareos y problemas de equilibrio en sus hijos deben consultar a su pediatra cuanto antes para descartar una enfermedad subyacente grave»

Es probable que el pediatra de nuestro hijo nos pregunte cuándo aparecieron por primera vez los síntomas, cuánto duran, con qué frecuencia aparecen y qué medicamentos está tomando el niño. Examinará los ojos y los oídos del pequeño y tal vez le haga pruebas de audición y equilibrio. El médico podría derivarlo a un especialista, como un otorrinolaringólogo para asegurar el diagnóstico.

El tratamiento dependerá de la causa subyacente. La buena noticia es que la mayoría de los mareos y problemas de equilibrio en los niños es temporal y tratable. No obstante, es vital consultar a un pediatra si se observa cualquier problema o situación anómala con respecto al comportamiento de nuestro niño.

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